Endulza tu VIDA, o no… tú decides.

Seguro que muchas veces has escuchado lo alarmante que son las tasas de obesidad en el mundo que nos rodea. No tenemos que hacer una investigación minuciosa para darnos cuenta que muchas personas están por encima de su peso. Sin embargo, en la actualidad es tendencia asociar un buen estado de salud con aspectos saludables completamente estereotipados. Es decir, ¿todos las personas que están delgadas están sanas? O por el contrario ¿todas las personas que están por encima de un “peso ideal” están enfermas?

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Si buscamos una tendencia global de problemas cardiovasculares, nuestro punto de mira afina a un único lugar: lugares de comida rápida, que se acopla perfectamente con hábitos de vida mas rápida. Se come mal porque la comida ha dejado de ser un momento del día por el que pararse. No hay tiempo. Comer, no es más que un lugar de paso. Lo tenemos que hacer en el menor tiempo posible. Si encima los más pequeños empiezan a verlo, desde muy temprana edad, el resultado es la normalización y los consecuentes problemas en este sector tan vulnerable.

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De todos los alimentos procesados que hoy más que nunca, podemos incluir en el cajón de poco saludables, hay un tipo que destaca por su peligrosidad y por su baja preocupación en la sociedad en la que vivimos: las bebidas carbonatadas. Quizá sea por las grandes campañas publicitarias con las que dichas marcas presentan sus productos, pero muchas veces este tipo de alimento pasa completamente desapercibido. ¿Quién va a pensar que un producto que asocia amistad o amor con un buen trago al elixir de color marrón puede tener alguna connotación negativa? Pues si, las tiene…deja que te explique.

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Verás, el problema de todo ello, no es más que el elevado contenido azucarado que muchas de ellas presentan. Si, has oído bien, el problema de todo es el azúcar, y te voy a explicar por qué. Antes de nada, te animo a que la próxima vez que visites tu emplazamiento favorito de comida rápida, confirmes la cantidad de azúcar que contiene cada uno de sus productos. Espera ¿qué cómo lo haces? pues en principio debería estar visible al público. Busca en el establecimiento, quizá detrás de algún cartel, o en el reverso de la bandeja en la que comes… Si no lo encuentras, no pienses que tiene que ver con tu agudeza a la hora potenciar tus recursos de búsqueda, ni mucho menos. Por alguna misteriosa razón, se ocultan al consumidor. Si aun así no lo ves, pregunta, no tienes nada que perder.

Desde los postres más apetitosos hasta las primeros platos, pasando por los refrescos, contienen cantidades de azúcar fuera de lo normal. La pregunta es, ¿por qué tantísima cantidad? ¿Se trata de endulzar la vida de todo el mundo? Seguro, de endulzar y de orientar. Y es que detrás de este protagonista tan dulce, hay un objetivo claro, facilitar la dependencia del consumidor.

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Pero empecemos por el principio. Los azúcares, pertenecen al grupo de las biomoléculas orgánicas denominadas glúcidos o hidratos de carbono. Estos, presentan una labor importantísima en el mantenimiento y el funcionamiento de cada una de nuestras 1013 células. Son el sustrato energético por excelencia. El azúcar “dulce” no es más que una molécula perteneciente a este grupo, la sacarosa. Pertenece al grupo de los disacáridos. Todos los alimentos presentan una proporción variable de este nutriente.

¿Qué función tiene la sacarosa en nuestro cuerpo? Como ya te he mencionado, no es más que un sustrato para dar energía. Esta es su función primordial. De hecho cuando este disacárido se rompe, origina dos moléculas de menor tamaño, fructosa y glucosa, ambas monosacáridos de 6 átomos de carbono. La paradoja de todo esto, es que la glucosa, en nuestro torrente sanguíneo presenta efectos no deseados a largo plazo.

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¿Demasiado rápido? Pongamos un ejemplo. Imagina que cambias tu modo de vida. Todas las comidas de tu dieta se convierten en poco saludables. Tu ritmo de vida y de trabajo te obliga a seguir este plan durante ya varios meses. ¿Deporte? “Si, voy andando desde el coche a casa, y desde el coche al trabajo”, tu respuesta más común. Imagina ahora que acabas de comer con tus amigos, es verano y hace calor, mucho calor. Además, imagina que os habéis pasado con la comida que podríamos calificar “de poco saludable”, con azúcar, mucho azúcar. ¿Qué ocurre dentro de tu cuerpo? La comida que acabas de ingerir, y que compromete tu movilidad –seguro que has experimentado esta sensación-, debe ser digerida, en tu aparato digestivo. Una vez ocurre esto, cada uno de los nutrientes que te ha aportado pasan a la sangre. Como la mayoría de ellos son del tipo glucídico, el principal destino de cada uno de ellos será “alimentar” a cada una de las 1013 células de tu cuerpo. ¿Cómo sabe esta pequeña biomolécula donde tiene que ir? Bueno, esto lo hace gracias a una importante amiga, la insulina. Si, son muchas células…pero lo normal es que con tanto azúcar en sangre, sobre. ¿Qué hacemos con lo que sobra? Parte se almacena y el resto se mantiene circulando por la sangre. Esto último ocasiona que agregados azucarados colisionen con tus arterias provocando  problemas cardiovasculares. Podrían hasta obstruir algún vaso sanguíneo…¿grave? Si, y mucho. Hay otros daños colaterales, probablemente notarás que “va todo mas lento”, te cuesta todo más, todo te sienta mal, e incluso podrás estar algo deprimido… ¿parar? “Si, puedo ir mas lento a por más comida de este tipo” Es curioso, algo “tan dulce” pueda llegar a deprimirte y a depender de ello…

“Espera, ¿me estoy volviendo dependiente de todo esto?…afirmativo

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Todos estos problemas, asociados directamente a un modelo de Fast-Food, Fast-Life…Fast-Everything que influye cada vez más en nuestras vidas, comprometen directamente nuestro estado de salud. Lo más grave es la normalización. Gracias a las grandes campañas publicitarias, muchas veces no sabemos distinguir entre lo que nos conviene y lo que no. El neuromarketing está perfectamente estudiado, y lo que busca una marca es vender, no importa qué, vinculando su producto con emociones fuertes que producen un efecto positivo en el futuro consumidor. Se que es difícil y que muchas veces es imposible, ¿cómo vas a pensar que el sobreconsumo de un producto veraniego, asociado a la amistad y a los festivales, pueda causarte daños a medio/largo plazo?

Tu decides… pero tienes derecho a saber.

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