Observaciones del siglo XIX confirman el calentamiento global

Un nuevo análisis de los datos oceánicos recogidos hace más de 135 años por los miembros de una expedición oceanográfica a bordo del barco británico HMS Challenger nos proporciona otra confirmación más de que la actividad humana ha calentado nuestro planeta durante el último siglo.

Investigadores de la Universidad de Tasmania en Australia, y del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California, combinaron estas mediciones añejas de temperaturas oceánicas con las observaciones modernas de la red marítima internacional Argo. Los datos de más de 135 años de antigüedad reunidos por aquel buque británico se combinaron con observaciones modernas, en el marco de modelos climáticos avanzados, con el fin de obtener un bosquejo de cómo han cambiado los océanos del mundo desde el viaje del Challenger.

La expedición del Challenger, de 1872 a 1876, fue el primer estudio científico global sobre la vida bajo la superficie oceánica. A lo largo de la travesía, los científicos midieron las temperaturas oceánicas, bajando termómetros amarrados en sogas hasta cientos de metros de profundidad.

Después de haber tomado en cuenta todas las incertidumbres de esas viejas mediciones, el equipo de Josh Willis, climatólogo del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y científico de la futura misión del satélite oceanográfico Jason-3, que se espera lanzar en 2015, constató que resultaba obvio que la tasa de calentamiento marítimo resultante estaba muy por encima del grado de incertidumbre de dichas mediciones. Por lo que, aunque el grado de incertidumbre es grande, la señal de calentamiento descubierta es mucho mayor.

HMS Challenger con los preparativos para descolgar bajo el agua los termómetros con los que medir las temperaturas marítimas a gran profundidad en 1872.

HMS Challenger con los preparativos para descolgar bajo el agua los termómetros con los que medir las temperaturas marítimas a gran profundidad en 1872.

Las incertidumbres de las observaciones del Challenger versaban alrededor de factores como lo limitado de las áreas en las que se hicieron mediciones durante el viaje, las profundidades reales a las que se sumergieron los termómetros, y la variación natural de la temperatura que pudo ocurrir en cada región durante el viaje.

La conclusión del equipo de Willis y Will Hobbs, de la Universidad de Tasmania, es contundente: el calentamiento del planeta se puede detectar claramente desde 1873.

En la actualidad, los científicos estiman que los océanos absorben más del 90 por ciento del calor atrapado por los gases de efecto invernadero.

 

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